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Nieves Hidalgo nos regala una novela llena de intriga, venganza y una promesa de amor que vencerá a los siglos..

Cristina Ríos, una joven experta española, es contratada para valorar las obras de arte del castillo medieval de Killmarnock, en Irlanda.

Allí la aguarda Dargo Killmar, el más antiguo habitante del castillo, que sin embargo sigue siendo un hombre joven y endiabladamente atractivo.

Es que se trata de un fantasma, claro, que vaga desde hace cuatrocientos años por las enormes estancias en busca de una reliquia que podría liberarlo de la maldición que pesa sobre él..


La portada antigua

Por lo general, me gusta utilizar las portadas de la edición que yo compré en su momento, pero, qué quieres, Selecta se está viniendo arriba en lo que al tema se refiere, y esta es preciosa.

De modo que he decidido ponerla en cabecera y aquí abajo enseñarte la antigua. Que no estaba mal, a ver, pero, es que la nueva me tiene enamorada.

Como me tiene enamorada la pluma de Nieves Hidalgo. ¿Qué puedo decir, que no se haya dicho ya? Es una de las grandes damas de la romántica de final feliz de nuestro momento, de esas autoras que no solo llenan las estanterías de historias, sino que, además, le dan un plus de calidad al género.

¡Gracias por ello, maestra, por la parte que me toca!

LÍNEA ROJA
Como siempre, voy a ser bastante directa en algunos comentarios, sin llegar al odiado spoiler. En todo caso, si no quieres enterarte de nada, no continúes leyendo. Confórmate con saber que te la recomiendo encarecidamente.

Como todas las que irán apareciendo en mi blog, en realidad, puesto que solo voy a comentar aquellas que me hayan llegado al alma de un modo u otro.

Empezando por el principio de «Lo que dure la eternidad»

Antes de nada me parece importante resaltar que, lo primero que me atrajo de esta novela, fue su título. «Lo que dure la eternidad», ahí es nada. Me parece soberbio (hay muchos títulos de Nieves Hidalgo que me encantan. «Hijos de otro barro», por ejemplo, me causa una enorme envidia jaja).

Y está muy bien metido en la historia, por cierto. Cuando lo estaba empezando me pregunté si quizá sería la última frase del libro (no lo iba a comprobar, no soy de las que leen los finales antes de tiempo, como tú y tú, sí sí, vosotras, os estoy mirando jaja), porque tenía buena pinta para ello: un final en el que ambos se jurasen amor por todo ese término inmenso.

Pero no, estaba bien metido, olé, en un punto de la historia, y ya está. Suficiente y elegante, como debe ser.

Bueno y malo de «Lo que dure la eternidad»

Pocas pegas le puedo poner, porque ya sabes que, si está aquí, es porque la novela me ha gustado mucho. Si tuviera que mencionar lo más negativo que he percibido en ella, me tendría que referir a un hecho que tiene lugar nada más iniciarse la historia, algo estremecedor que me puso la piel de gallina.

Ojo, no es un defecto del libro, para nada, sino algo acorde con la época en la que tiene lugar ese comienzo, y con la naturaleza del propio ser humano, que si ahora es capaz de las mayores atrocidades, más bestial se vuelve cuando miramos hacia el pasado.

Terrible. Estremecedor. Comprensible. Y también necesario, lo reconozco, para que nos hagamos una idea de la situación real de la que parte nuestro protagonista.

Por lo demás, se trata de una historia amena, interesante y divertida. Si no fuera porque sé quién la escribió, hubiese pensado que era obra de cualquiera de las grandes autoras del género que copaban en tiempos nuestro mercado.

La intriga resulta muy interesante, con esas referencias históricas que a mí siempre me fascinan. Si me lees ya sabrás que me gusta mucho meterlas en mis propias novelas. En la serie de SIGNOS PARA LA NOCHE, están entrelazados en toda la trama.

Un último apunte: el modo en el que la autora soluciona el entuerto. Porque, no lo olvidemos, esto es novela romántica de final feliz, no otra romántica cualquiera. Las lectoras de esta clase de historias deseamos que nos alegren el corazón y nos provoquen una sonrisa con la palabra FIN, no que nos den un disgusto sin sentido.

¿Y cómo hacerlo, si la propia resolución de la trama implica la posible desaparición de uno de los protagonistas?

Pues yo no te lo voy a contar aquí, que spoilers directos no pienso hacer jamás, es algo muy feo. Pero sí que te diré que me ha gustado cómo lo ha ido preparando y cómo lo ha resuelto. Entiendo, desde mi visión de autora, lo difícil que ha sido darle forma a esa parte, porque tienes que lidiar con una situación… digamos complicada, pero, como digo, ha sabido solucionarlo sin darnos un disgusto (Personalmente, al contrario jaja).

Pero, al lío. ¿Queremos tener fantasmitas con el fantasma «Lo que dure la eternidad», o queremos salir corriendo?

Pues si os digo la verdad, yo crearía una familia numerosa con Dargo Killmar, jaja.

Sin embargo, no todo es músculo y atractivo, ni largas y brillantes cabelleras oscuras aleteando al viento (¡ay cómo me gusta esa visión, en los hombres del pasado!).

Al contrario: para el amor verdadero que debe despertar en las lectoras un buen protagonista, debe haber algo más. Mucho más. Recordemos que Cristina es una mujer de nuestro tiempo, acostumbrada a ser independiente, con su deseo de forjar su propia esfera profesional, sus vicios modernos, como el tabaco, y su vocabulario no siempre muy delicado jaja.

Dargo, por su parte, podrá ser muy guapo, pero es de los tiempos en los que Maricastaña ni había nacido. Eso se perfila de un modo nebuloso, porque las cosas son como son: resultaría muy difícil que un hombre de semejante época cumpliese las expectativas románticas de una mujer actual.

Pero, eso es algo que queda en manos de la maestría de una autora. ¿Con su trabajo, nos hace creíble el personaje, o no? Pues en este caso, sí, por completo. Por eso este libro tiene tanto éxito.

Porque, con toda naturalidad, a través de los actos y los pensamientos de Dargo, nos recuerda que, igual que siempre ha habido mujeres excepcionales, también ha habido hombres con una mayor sensibilidad e inteligencia. Esa clase de personas que deberían ser siempre nuestros protagonistas.

Además, Dargo ha tenido un buen montón de siglos para reflexionar sobre la vida, el universo y todo lo demás. No habrá intervenido, porque no era capaz en su momento, pero sí ha sido espectador de muchas épocas y, tal como yo lo veo, ha ido cambiando con el mundo al que estaba atado. Ha sabido evolucionar.

Dargo ya no es un hombre de su época, es un hombre de todas las épocas. un hombre al que toda lectora de romántica podría amar.

¡Me lo pido! jaja

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¿Y tú, la has leído? ¿Estás de acuerdo conmigo o tienes otra opinión?